Tecnología

Wifi, bluetooth y GPS: 3 tecnologías posibles gracias a la ingeniera y actriz Hedy Lamarr

Hedy Lamarr fue una conocida actriz de los años 30 y 40. Pero además fue una ingeniera brillante y la inventora de la tecnología precursora del wifi, el bluetooth y el gps. Te contamos su historia.

Por Redacción España, el 17/05/2021

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Hedy Lamarr fue una de las actrices más famosas de los años 30 y 40. Sí, era ese bellezón que le cortaba la coleta a Victor Mature en Sansón y Dalila (Cecil B. DeMille, 1949). Sin embargo, su aportación al cine no es lo más reseñable de la vida de la vienesa. Hedy Lamarr era mejor ingeniera que actriz. Tanto, que ideó la tecnología que, a día de hoy, se emplea como base para que puedas escuchar tus auriculares o conectarte a internet en casa sin cables, o para que llegues a tu hotel de vacaciones sin perderte. El bluetooth, el wifi y el GPS son posibles gracias a ella.

Hedy Lamarr, actriz e ingeniera con una vida de película

Hedy Lamarr actriz e ingeniera

Hedy Lamarr nació en Viena como Hedwig Eva Maria Kiesler el 9 de noviembre de 1914. Destacó en sus estudios desde pequeña. Era una niña superdotada. Sin embargo, dejó la carrera de ingeniería para dedicarse a la interpretación. De sus primeros trabajos, la película que marcó la vida de la austríaca (por las consecuencias que trajo consigo) fue Éxtasis (1932, Gustav Machatý).

Sin entrar en demasiados sensacionalismos, Lamarr protagonizó en ese filme el primer desnudo integral de la historia del cine. Y claro, desató la polémica. Además de a una ola de críticas y censuras, la vienesa tuvo que enfrentarse a un matrimonio concertado por sus padres. Escandalizados por la película y pensando que el enlace haría que su hija sentara la cabeza, los Kiesler aceptaron el cortejo y la posterior pedida de mano del empresario del armamento Fritz Mandl.

La mayoría de los matrimonios concertados no son felices, y este en concreto tampoco fue una excepción. El magnate resultó ser un celoso enfermizo que llevaba a su esposa allá donde iba para no perderla de vista. Esto incluía las cenas, eventos y reuniones varias con Hitler y Mussolini. Resulta que, como Mandl tenía las armas, su ascendencia judía podía pasarse por alto. Es más, recibió el honorable reconocimiento (léase la ironía) de "ario honorario".

Hedy retomó sus estudios de Ingeniería de Telecomunicaciones al tiempo que se empapaba de los planes armamentísticos de los grandes dictadores del siglo XX. Fueron tiempos oscuros para la vienesa, maltratada, privada de libertad, ahogada por el control de su marido. Pero todo eso terminó de la manera más cinematográfica posible: con una huida de película.

En su biografía, la actriz e inventora contó que drogó a su asistenta y abandonó su hogar ataviada con su ropa. Con un puñado de joyas bajo el brazo, se subió en un tren a París y de ahí viajó a Londres, con los secuaces del marido pisándole los talones. Desde Inglaterra, la ingeniera zarpó en un trasatlántico hacia la libertad (Estados Unidos, cumpliendo clichés). Pues aún no había puesto un pie en América y ya tenía un contrato firmado con la Metro-Goldwyn-Mayer, con un par de ovarios y un buen golpe de suerte.

En el Normandie (que así se llamaba el trasatlántico) también viajaba Louis B. Mayer, un productor que le ofreció trabajo con la condición de que se cambiara el nombre para dejar atrás la polémica de Éxtasis. Así es como Hedwig Eva Maria Kiesler llegó al nuevo mundo como Hedy Lamarr.

Secret Communication System

Hedy Lamarr inventora

Nos saltamos la parte del éxito de Hedy Lamarr como actriz (porque esto es un blog de tecnología) y llegamos directos a 1941, el año en el que presentó la solicitud de patente de su invento Secret Communication System (Sistema de Comunicaciones Secretas), patente que se le concedió en 1942.

Resulta que, en la época en la que había estado casada con el magnate de las armas, Lamarr cosechó un odio absoluto hacia los nazis. Este factor se unió a que, en su tiempo libre, la austríaca se dedicaba a inventar cosas. En una de esas, estalló la II Guerra Mundial y la actriz se decidió a echar una mano.

Descubrió entonces las vulnerabilidades de las armas teledirigidas y, junto con George Antheil, ideó una sistema para mejorar las comunicaciones con las armas teledirigidas: detectar los torpedos teledirigidos del enemigo y proteger los propios.

Explicado de forma simplificada, cuando el Ejército utilizaba armas de este tipo, las controlaba a distancia: un emisor establecía una transmisión con un receptor (el arma) y le daba órdenes. Lamarr vio que esa transmisión podía ser fácilmente detectable. El enemigo no tenía más que hacer un barrido de frecuencia en varias bandas del espectro electromagnético hasta localizar la emisión en el espectro. Después, por triangulación de receptores, podía ubicar el punto exacto de esa emisión.

A partir de ahí, cualquier cosa. Se podía atacar la emisión o bien provocar interferencias en la comunicación entre emisor y arma. Por cierto, esas interferencias también podrían ser provocadas por causas naturales, por ejemplo, una simple tormenta. La ingeniera se dio cuenta de que se necesitaba un sistema que mejorara la precisión de las comunicaciones y blindara su seguridad.

Lamarr y Antheil plantearon una opción sencilla y efectiva: cambiar el modo en el que se transmitían las órdenes desde el emisor hasta el receptor. ¿Cómo? Dividiendo esas órdenes en partes pequeñas que se enviarían de manera secuencial utilizando distintas frecuencias.

Los inventores se inspiraron en un principio musical para desarrollarlo: empleaba 88 frecuencias que se correspondían con las 88 teclas de un piano. En este contexto, cabe resaltar que Antheil era compositor.

Simplificado: consiguieron que las órdenes del emisor al arma no se enviaran en un solo mensaje y a través de una sola frecuencia, sino que fueran pequeños trozos enviados por distintas frecuencias siguiendo un patrón casi aleatorio. Por tanto, las comunicaciones serían más cortas (y, por tanto, difíciles de localizar) y carentes de sentido íntegro. Habría que localizar todas, conocer el código y rehacer el puzzle, lo cual era sencillamente imposible.

Uso bélico del Sistema de Comunicaciones Secretas

Tras el registro de la patente, Lamarr y Antheil ofrecieron su tecnología gratis al Ejército de Estados Unidos. Sin embargo, de primeras, hubo reticencias, así que en la II Guerra Mundial no la utilizaron. Pero la guardaron. Se recurrió a ella por primera vez durante la crisis de los misiles de Cuba, en 1962.

A modo anecdótico, durante la II Guerra Mundial Lamarr siguió ofreciendo su ayuda en la contienda, sus conocimientos como ingeniera y la información privilegiada que tenía sobre las armas de los grandes enemigos europeos de los Aliados, todo lo que había extraído de aquellas reuniones de su primer marido. Sin embargo, acabó siendo imagen de piezas de propaganda y protagonizando eventos de recaudación de fondos.

Con el conflicto cubano, Estados Unidos recurrió a esta novedosa tecnología para interceptar las transmisiones de las armas teledirigidas. Después, el Sistema de Comunicaciones Secretas también fue utilizado por las fuerzas americanas en la Guerra de Vietnam.

Wifi, GPS o Bluetooth, basadas en el invento de Lamarr

Tras la crisis cubana, el Ejército de Estados Unidos empleó el Sistema de Comunicaciones Secretas como base para el desarrollo de la defensa antimisiles. En los 80, trascendió los ámbitos armamentísticos para comenzar a utilizarse en ingeniería civil. Hasta hoy.

Podemos decir que, a diario, utilizamos la tecnología que patentaron los inventores Hedy Lamarr y George Antheil en nuestras transmisiones inalámbricas cotidianas (o, al menos, tecnologías desarrolladas a partir del Secret Communications System). De hecho, como decíamos al principio, en este sistema de comunicaciones se basan el wifi, el GPS y el bluetooth.

Por desgracia, tuvieron que pasar muchos años para que Lamarr y Antheil comenzaran a recibir el reconocimiento que merecían. En 1998, la Electronic Frointier Foundation les otorgó el Premio Pionero. En aquel momento, el compositor ya había fallecido y la actriz decidió no recogerlo. El aplauso público a su enorme contribución a las telecomunicaciones, a la ciencia y a la computación había llegado demasiado tarde.

Con Hedy Lamarr pasó lo mismo que con otras mujeres en la computación y en la ciencia del siglo XX: contribuyeron enormemente al desarrollo tecnológico pero esa contribución se silenció o directamente recibió caso omiso. Es ahora cuando rescatamos sus nombres, sus historias y sus trabajos y comenzamos a reclamar el prestigio que merecen sus méritos.

Evelyn Berezin, Katherine Johnson, Grace Hopper o Stephanie Shirley son otros de los nombres a los que hemos dedicado nuestro particular homenaje en Agencia B12.

El 9 de noviembre (el día en el que nació la austríaca) se celebra el Día del Inventor en honor a Hedy Lamarr.

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